Los Smart que años atrás alcanzaron cierta popularidad por sus gran funcionalidad urbana ahora están algo de capa caída. La movilidad no es una prioridad de los usuarios, a pesar de que muchas veces nos quejemos por la dificultad de los desplazamientos en las grandes urbes. Con frecuencia preferimos coches ostentosos aunque usemos toda su capacidad en contadas ocasiones.
Para 2008 Smart presentó ligeras modificaciones en sus Fortwo, como una mayor longitud, para ganar en espacio de carga fundamentalmente, y motores algo más potentes para mejorar no solo los desplazamientos urbanos sino también los interurbanos.
Limpieza urbana. Nos encontramos en plena fiebre de los coches limpios. Un Smart de por sí ya lo es, pues salvo el Brabus todos emiten por debajo de los 120 g/CO2 por kilómetro recorrido, pero hay que proponer soluciones más ecológicas para estar en vanguardia.
Para ello Smart propone el mhd, nomenclatura que responde a Micro Hibrid Drive pero que nada tiene que ver con un sistema híbrido, es decir, alimentado con gasolina y otra fuente de energía. El Smart Fortwo mhd emplea un starter-alternador de parada y arranque que detiene el motor aprovechando los periodos de “descanso” en la circulación (atascos, semáforos, etc.). Así, se logra reducir las emisiones de CO2 a 105 gramos por kilómetro.
Cuando el conductor frena y baja su velocidad por debajo de los 8 km/h el motor se para, volviendo a arrancar cuando se quita el pie del freno. Esta función se puede anular apretando el botón Eco situado al lado del cambio.
Como modo de reducir emisiones está muy bien pero desde el punto de vista del confort de conducción el sistema no llega a ser del todo agradable. En algunas situaciones, como la entrada a rotondas, nos deja una sensación de estar algo vendidos, especialmente cuando el motor se deitiene y justo vemos el hueco en la rotonda para pasar.
Si que es cierto que se ahorra bastante combustible, sobre todo en ciudad: hemos obtenido un gasto inferior en un 15 por ciento, lo que unido al bajo consumo del Smart nos da unos cuantos kilómetros más de autonomía, aunque no muchos pues su depósito tiene unos escasos 33 litros.
En prestaciones no se pierde nada, pues el mhd solo funciona en paradas, así pues su rendimiento es exactamente el mismo que el de cualquier otra unidad 52, de 71 caballos de potencia. De su comportamiento, señalar lo poco que filtra al habitáculo las irregularidades. Los baches se notan demasiado al ir casi sentados en el eje trasero. Otro aspecto es su dirección, sin asistencia en nuestra unidad y que requiere muchas vueltas de volante, lo que lo hace incómodo en maniobras en ciudad, precisamente su campo de juego.
Singular cabrio. Los Smart Cabrio son un descapotable de lo más singular, en primer lugar porque no lo parece y en segundo porque frente al coupé no pierde nada en cuanto a capacidad interior.
El techo de lona está muy bien resuelto pues hay muy poca diferencia en cuanto a sonoridad con el coupé. Además, éste se retira como si fuese un techo practicable normal y si queremos podemos dejarlo como cabrio quitando los largueros de las puertas (que tienen un sitio perfecto para guardarse en la tapa del maletero) y bajar un poco más el techo de lona. Total, una operación que require poco tiempo y se hace de modo eléctrico, incluso desde el telemando.
En todo lo demás, ¿qué se puede decir de un coche que tiene plena vocación urbana? En ciudad se mueve como pez en el agua, fácil de aparcar y de extraordinaria movilidad, casi como una moto. En recorrido algo más largo e interurbanos mantiene perfectamente medias a los límites legales, con 145 km/h de velocidad máxima. Su comportamiento es bueno, estable, salvo cuando aparecen los vientos laterales, es muy sensible a ellos.
Su equipamiento básico Pure es justo, no prescinde de elementos de confort como los elevalunas eléctricos o el telemando, pero sí de otros como el aire acondicionado (767 e), la dirección asistida (455), retrovisores eléctricos (182) y el cuentarrevoluciones (143). Sí dispone de cambio automático, sin levas en el volante pero con función secuencial, de cinco marchas y con un funcionamiento algo lento pero muy suave. Este cambio es robotizado, es decir, es un embrague pilotado en el que una centralita detecta que se va a cambiar de marcha porque se actúa en la palanca y el embragado y desembragado se realiza como lo haríamos pisando un embrague.
En definitiva, y en una valoración en conjunto, este Smart mhd -y si no fuese por una elevada factura de 12.800 euros para el cabrio cuando el coupé cuesta 9.850- nos ha gustado bastante pues su calidad interior es buena con plásticos que ajustan bien, asientos cómodos, buenas soluciones interiores, y un poder de personalización enorme: su lista de opciones parece la de un Mercedes.