Aunque algunos fabricantes han echado el freno en la franja de los 140-150 caballos para su gama de berlinas medias propulsadas por motores de gasóleo, la mayoría de ellos se ha dejado seducir por los cantos de sirena de una escalada imparable en términos de potencia turbodiésel. De esta forma, los 170-180 caballos ya se han convertido en denominador común en la categoría, e incluso en algunos casos ni siquieran representan el tope de gama al verse rebasados por versiones que se disparan por encima de los 200 CV.
El hecho de contar con variantes más potentes supone un empujón extra para cualquier modelo, sobre todo si luce ya una cierta veteranía, y así lo ha entendido Saab, que ha acompañado al renovado 9-3 con un nuevo motor turbodiésel de 180 CV reconocido bajo las siglas TTiD.
Doble turbo. Se trata de una evolución del propulsor 1.9 TiD ya presente en la gama al que se le ha dotado de dos turbocompresores, uno de menor tamaño que trabaja en los regímenes de giro más bajos, y otro mayor que entra en acción a medida que se va incrementando la exigencia de revoluciones.
Pueden actuar conjuntamente o por separado, pero sea cual sea el caso el rendimiento del motor es, simple y llanamente, extraordinario. En primer lugar porque se obtienen unas prestaciones sensacionales y en segundo término porque su funcionamiento resulta de lo más agradable dada su elasticidad y capacidad de respuesta en todo momento.
A bordo del 9-3 TTiD podemos abusar hasta la saciedad de ir en marchas largas porque su mecánica empuja con la fuerza necesaria prácticamente desde que abandonamos el régimen de ralentí. A partir de ahí, la entrega de la potencia se realiza de un modo totalmente lineal, sin ningún indicio de brusquedad ni tirones que delaten la presencia bajo el vano motor de nada menos que dos turbocompresores.
Sus excelentes maneras a bajo y medio régimen no hacen estrictamente necesaria la exploración de la zona noble del cuentavueltas para sacarle un buen jugo al coche, aunque si nos aventuramos a ello nos quedaremos con el mismo regusto de empuje lineal que venimos saboreando desde el principio.
Toda esta suavidad y homogeneidad de la que hace gala en la entrega de su fuerza no debe restar protagonismo al brío y a la contundencia ofrecida, lo que en la práctica se traduce, como ya hemos dicho, en unas prestaciones muy notables, hasta con un puntito de deportividad.
De modo que nos encontramos ante un producto capaz de satisfacer las exigencias tanto de aquellos que buscan una conducción de carácter más dinámico, como las de los usuarios más burgueses, reacios a tirar de cambio para afrontar adelantamientos o repechos de cierta envergadura, que valorarán por encima de todo la tremenda capacidad de recuperación de este modelo.
Y además económico. Esta versión TTiD es todo un ejemplo de generosidad porque da mucho a cambio de muy poco. Nos referimos al consumo de carburante, que nos sorprende positivamente con unas cifras muy contenidas dadas sus prestaciones, al nivel de su hermano menor de 150 caballos. Tal y como está el precio del gasóleo, es de agradecer que sólo demande en torno a 6 litros cada 100 kilómetros si mantenemos cruceros legales en autopista y autovía, aunque de todos modos las cifras tampoco se disparan en exceso si abusamos del acelerador más de la cuenta.
Pero como todo, tiene que tener su talón de Aquiles y éste no es otro que la sonoridad. No es molesta a velocidades contenidas, pero queda en evidencia en las aceleraciones, acompañada de unas vibraciones también perceptibles.
Para sacarle el mayor partido al motor deberíamos decantarnos por la versión Aero, con mayores pretensiones de deportividad que la variante Vector. Comparten neumáticos y llanta de 17 pulgadas, aunque el Aero disfruta de una suspensión de tarado más firme pero sin llegar a una dureza que ponga en algún aprieto el confort de marcha. Esto también supone que en los cambios de apoyos más fuertes la carrocería se desmarque con evidentes inclinaciones, pero en líneas generales muestra un comportamiento muy seguro y una estabilidad bastante elevada.
El interior, por otra parte, ofrece una presentación muy satisfactoria por la calidad de sus materiales y la corrección de los ajustes, si bien su genuino diseño acusa el paso de los años en varios de sus elementos, como las rejillas de ventilación o las esferas de la instrumentación.
El punto más débil en sus niveles de habitabilidad lo encontramos en el espacio para las piernas en la fila trasera, que anda justito cuando la talla de los pasajeros delanteros es superior a la media. Tampoco anda sobrado de capacidad el maletero, pero los 425 litros que declara oficialmente pueden ser suficientes para acomodar el equipaje vacacional de aquellas familias que ya hayan prescindido de las sillitas de niño.
Clase alta. Por precio, cerca de 37.000 euros, el 9-3 TTiD Aero se instala como una opción más exclusiva en competencia directa con las marcas premium alemanas. Es unos 2.000 euros más caro que un 320d o un C220 CDI, sobreprecio que justifica con una dotación de serie en la que destaca la presencia de los faros bixenón, el control de crucero, el sensor de aparcamiento trasero o la tapicería mixta tela/piel.
También es cierto que acusa ciertas lagunas como la ausencia del sensor de luz o la obligatoriedad de pagar por el sensor de lluvia, elementos que deberían exigirse de serie a un coche de esta categoría y precio.