El nuevo Lancer, la novena generación del modelo más carismático de Mitsubishi, vuelve a la vida con un peculiar formato y una imagen moderna que puede ser uno de sus mejores valores.
Y es que el Lancer Sport Sedán (después de verano llegará una carrocería de cinco puertas y dos volúmenes) mide 4,57 metros, lo que le sitúa a medio camino entre un compacto (ninguno llega a los 4,5 metros) y una berlina media (las de nueva generación superan todas los 4,7 metros). Este tamaño compacto se queda en la línea de los VW Jetta, Toyota Corolla o Skoda Octavia y puede ser un argumento interesante por su mejor manejabilidad urbana.
El interior resulta suficientemente amplio para las necesidades familiares gracias a sus nuevas medidas. El Lancer ha crecido en todas sus cotas respecto a la anterior generación: es 3,6 cm. más largo, 4,5 más ancho y cuenta con 3,5 centímetros más de distancia entre ejes. Como resultado, cuatro adultos viajarán cómodos; un quinto irá más apretado, aunque esto es algo que, inexplicablemente, sucede exactamente igual en modelos de más tamaño. En las berlinas modernas se sacrifica la plaza central trasera, más dura e incómoda, en favor de los ocupantes de las plazas laterales bajo el argumento de que “para llevar a cinco personas ya están los monovolúmenes”, algo que nos parece que perjudica a aquellos que aún entienden la berlina media como la mejor opción entre los vehículos familiares y que no sucumben a la moda monovolumen o SUV. Finalmente, el maletero, con 377 litros, es algo justo comparado con las cifras de la competencia.
Plataforma global. El Lancer se asienta sobre una nueva base rodante, heredada directamente del Outlander y sobre la que se creará una amplia familia de modelos de diferentes segmentos. Se basa en un tren delantero de columnas McPherson y un eje posterior de arquitectura multibrazo, la misma configuración que adoptan una buena parte de sus rivales.
Mitsubishi, fiel a su tradición deportiva, ha dotado al Lancer de un talante claramente deportivo en la configuración de sus elementos elásticos, común a todas las versiones de equipamiento salvo el Inform de acceso. En el caso de nuestra undidad de pruebas, con el acabado Instyle -el más alto de la gama- incluía además las llantas de 18 pulgadas. El Lancer se siente firme, pero creemos que no llegará a mostrarse del todo incómodo a los conductores más aburguesados. Y, sin embargo, sí que resulta fácil de conducir, con reacciones nobles y predecibles en cualquier situación, un buen tacto de dirección y mejor aún del selector del cambio. La carrocería apenas oscila en los apoyos, lo que aporta una sensación extra de seguridad que añadir a la excelente dotación electrónica: el control de tracción y de estabilidad es de serie en todas las variantes.
Diesel alemán. Fiel a las tendencias del mercado (que veremos si cambian ahora que el precio de la gasolina es inferior a la del gasoleo), Mitsubishi ha incluido en su gama inicial una unidad motriz turbodiésel, concretamente un cuatro cilindros multiválvulas de origen Volkswagen, aunque no de la última generación (con alimentación por rail común), sino de los tradicionales inyector-bomba. Un propulsor algo menos refinado que los más modernos del gigante alemán pero que en el Lancer nos ha parecido relativamente bien insonorizado. De hecho, es más perceptible el ruido de rodadura que el del propulsor, hecho que debe achacarse a las cubiertas Yokohama.
El propulsor, por contra, resulta menos gastón que los common rail: es muy fácil moverse por debajo de los seis litros en carretera, superándolos por poco en ciudad y firmando una autonomía cercana a los mil kilómetros por depósito (de 59 litros). Los largos desarrollos de quinta y sexta ayudan a ello sin que en ningún momento penalizen demasiado las recuperaciones.
Hasta los topes. Ya hemos apuntado que la versión Instyle que Mitsubishi puso en nuestras manos era la más completa del lote y, por tanto, también la más cara: 27.700 euros. Un precio que está por encima del Toyota Corolla más equipado y a la par que los VW Jetta y Skoda Octavia tope de gama. Sin embargo, su dotación es mayor que la que ofrecen estos rivales, sin dejarse casi nada fuera de catálogo: ESP, siete airbags (incluido el de rodilla para el conductor), asientos de cuero con calefacción, navegador GPS con disco duro, control por voz, volante multifunción, climatizador electrónico, acceso y arranque sin llave, llantas de aleación de 18”, espejos eléctricos, control de crucero, faros bixenón con una luz adicional para iluminación en curva, faros y limpiaparabrisas de activación automática.... La única tacha importante: un volante sin regulación en profundidad.
Si casi 28.000 euros parecen demasiados, la versión Intense Tech intermedia (con llantas de 16” y sin cuero, navegador y faros de xenón) viene también muy completa por 23.450 euros.
El nuevo Lancer viene, por tanto, con buenos argumentos mecánicos y de equipamiento para salir adelante en un segmento duro por la amplia competencia y las ventas decrecientes por el auge monvolumen. Gustará además por su atractivo diseño y por la próxima ampliación de la oferta de carrocerías y motores (con dos gasolina muy deportivos para complementar al 1.8 que darán origen a las versiones Ralliart y Evo X).