El peso de la fama es algo que cuesta llevar y este quizá sea el reto más importante al que se enfrente el nuevo Grand Voyager. También puede ayudar, pero los ingenieros de Chrysler no se han dormido en los laureles y han mejorado en muchos puntos esta generación del exitoso monovolumen americano.
A simple vista el cambio es radical, su estética poco tiene que ver con el anterior. Abandona las líneas redondeadas y adopta el diseño de los últimos modelos de Chrysler, líneas más cuadradas, grupos ópticos delanteros del 300C y una gran parrilla laminada presidida por el símbolo alado del fabricante estadounidense.
Gracias a su nuevo diseño parece menos furgoneta y más monovolumen, es más bajo y gracias a su gran longitud -5.143 milímetros- a primera vista sabemos ya que es un coche amplio. La sensación en el interior es mucho mayor y gracias a que el techo es más ancho, 152 milímetros, los pasajeros tienen una mayor sensación de amplitud a la altura de las cabezas.
Dispone de una gran superficie acristalada, a pesar de que la línea de cintura es alta para dar mayor sensación de robustez, lo que permite que su interior sea luminoso aumentando aún más la sensación de amplitud.
Cómodo. El confort interior ha sido la clave del éxito del Grand Voyager y éste se mantiene. Dispuestos entres filas, 2+2+3, puede alojar a siete pasajeros aunque lo más cómodo son seis, pues la tercera fila es un poco estrecha para que tres adultos, o dos adultos y un niño, vayan bien.
Los de la segunda fila disponen de asientos casi idénticos a los delanteros, así pues su confort por espacio es soberbio, aunque personas de gran talla tendrán un mínimo problema de piernas, aún a pesar de que estos asientos tienen regulación longitudinal (10 cm.) ganando algo de sitio para sus extremidades.
Novedad importante es que las puertas correderas -de accionamiento eléctrico- disponen ahora de ventanillas practicables, lo que trae buenos aires para todos los pasajeros pues antes dependían de las ventanillas delanteras y de las prácticamente inservibles traseras de compás.
La fila trasera, de la que hemos apuntado su estrechez, presenta también la novedad de tener abatimiento eléctrico, lo que facilita enormente las acciones de montaje y desmontaje.
El sistema Stow’n Go, como el de la anterior generación, oculta todos los asientos bajo el piso dejando una espectacular superficie plana de carga en la que caben objetos de hasta 247 cm. de longitud máxima, con un volumen de carga de 3.296 litros de capacidad.
Con los sistemas eléctricos que incorpora podemos abrir las puertas traseras, el portón del maletero y ocultar la tercera fila. En pocos segundos más ocultamos los asientos de la segunda fila y disponemos así de un gran espacio de carga. Y para todo ello sólo habremos hecho un pequeño esfuerzo, más cómodo imposible.
Cómodos y distraidos irán nuestros acompañantes si optamos por el sistema multimedia para las filas traseras, 2.748 euros de sobreprecio en el Limited y 3.504 en el Touring, que permite ver cosas distintas en las pantallas de la segunda y la tercera fila.
Acomodados. Tan cómodos como los pasajeros van los 163 caballos de su motor 2,8 litros de cuatro cilindros en línea heredado de otros modelos del grupo, como el Dodge Nitro o el Jeep Cherokee. Este propulsor se ha aislado perfectamente del habitáculo con lo que resulta mucho más silencioso que el anterior. Mejora también su potencia, que se incrementa en 13 caballos, lo que no viene nada mal a un conjunto que alcanza un peso de 2.100 kilos. Son 163 caballos no demasiado tragones, a pesar del peso y un diseño poco aerodinámico, que consumen 9 litros en carretera a velocidades legales.
Está asociado a un nuevo cambio automático de seis relaciones, de funcionamiento realmente bueno, los pasos de marcha ni se aprecian, y que se puede manejar de modo secuencial desde la palanca. Ésta está colocada al lado del volante, lo que no hace del todo fácil su manejo manual, pero más cerca no puede estar.
El Grand Voyager se encuentra a gusto en las grandes vías, gracias a su rodar suave, confortable suspensión y buen aislamiento acústico -no tanto el aerodinámico pues hay mucho ruido del aire-, de modo que viajar es un placer se vaya en la plaza que sea. En ciudad, donde tendrá que moverse a la fuerza, costará aparcar por su gran tamaño y en las calles más estrechas hay que tener ojo para no dejarnos medio coche en los giros más cerrados.
El puesto de conducción es cómodo y dispone de múltiples regulaciones pero falta, sorprendentemente, la de profundidad del volante, algo excusable pues hay regulación en profundidad de pedales, pero no se llega al mismo puesto de conducción.
Para que una familia disfrute de todas las virtudes de comodidad del nuevo Grand Voyager debe estar acomodada, los 51.200 euros de la versión Limited objeto de nuestra prueba, 10.810 euros de diferencia con la básica LX, se hacen muy cuesta arriba. Las familias numerosas se pueden ahorrar bastante dinero en la adquisición, se queda en 44.474, lo que hace que su oferta sea más interesante.
La versión Limited destaca por su alto equipamiento, los gadgets eléctricos comentados los incorpora, además de la tapicería de cuero, los asientos calefactados de la segunda fila, los faros de xenón y el sistema multimedia táctil delantero, que no incluye el navegador (1.274) ni las dos pantallas traseras (2.748).
Tampoco parecen muy de recibo algunos materiales plásticos interiores, aunque eso ahora parece norma de la casa. No hay muchos monovolúmenes de este tamaño para comparar, de modo que si queremos espacio, modularidad y gran equipamiento colmará de sobra nuestras expectativas.