p
SEAT IBIZA 1.9 TDI SPORT -105CV-
ENTRA POR LOS OJOS  
El nuevo Ibiza está abocado a ser todo un éxito. En su estreno sólo está disponible con el motor TDI de 105 caballos. Lo hemos probado con el acabado Sport, el más interesante desde el plano dinámico.
 

Tras casi un cuarto de siglo asociado a las cuatro ruedas, el nombre Ibiza está ligado ahora a la cuarta generación del modelo más popular de Seat.
La marca española del grupo Volkswagen, que merced a los nuevos avances informáticos ha desarrollado el nuevo Ibiza en tan sólo 23 meses y la logrado reducir el tiempo de fabricación en seis horas, reduciéndolo de 22 a 16, estrena un modelo dotado de la misma personalidad con que nació la última generación del León y con unos rasgos quizás más marcados y dinámicos aún.

Más grande. El Ibiza ha crecido diez centímetros en longitud (4.052 mm), pero mantiene casi intactas su anchura y altura respecto al modelo aún a la venta. Eso sí, con una mayor distancia entre ejes que ha dado lugar a un maletero que ha ganado 25 litros de volumen (290 l.) en virtud de la plataforma que estrena, denominada PQ25, que dará lugar en adelante al nuevo VW Polo y al futuro utilitario de Audi. Sin embargo, la habitabilidad no me ha parecido muy mejorada.
Uno de los puntos negativos es la accesibilidad. Mejorará en el modelo Sport Coupé, pero las plazas delanteras tienen un espacio de apenas cincuenta centímetros entre el montante central y el voluminoso salpicadero, demasiado intrusivo, lo que dificulta llegar al asiento cuando se tiene cierta estatura; peor aún para el conductor, que además tiene que “sortear” el volante.
Y con el metro en la mano, el nuevo Ibiza no gana a su antencesor, que todavía convivirá con él unos meses. Ni las plazas delanteras ni las traseras mejoran en anchura, lo que no le deja entre los mejores de su clase; y la cota de altura para las palzas traseras ha perdido algunos centímetros. Ahora ocupantes de más de 1,80 sufrirán el roce de su cabeza con el guarnecido del techo y verán que disponen de menos espacio para las piernas. A cambio, los asientos son más cómodos y los de las plazas delanteras más envolventes, incluso para las versiones básicas -Reference-. Centrándonos, además, en el conductor, la posición, que es algo más baja que en el Ibiza III, nos deja bien situados ante los mandos y el cambio, con el volante regulable en altura y profundidad que ayuda, con el asiento regulable en altura, a hallar la mejor posición independientemente de la talla.
En cuanto a la calidad de materiales y acabado, el frente mullido del salpicadero da esa sensación de coche alemán, pero el resto de los plásticos son duros, como el todos sus oponentes, y sin que haya una especial sensación de calidad de terminación, a pesar de cuánto han insistido los ejecutivos de Seat en su mejora. Me ha parecido simple y llanamente el esperable, sin estruendos.

El único. Durante los primeros compases del lanzamiento, el Ibiza sólo va a estar disponible con el motor 1.9 TDI de 105 caballos, que es el que hemos probado a fondo, si bien durante la presentación también tuvimos la oportunidad de conducir otras versiones. Conocido por ser empleado profusamente por el grupo Volkswagen, no destaca por su suavidad de funcionamiento y es algo ruidoso, pero sí muy agradable en su uso. La potencia es más que suficiente, salvo que queramos ser los reyes en los semáforos, y la disponibilidad de par en la gama útil de revoluciones no nos obliga a un uso intensivo del cambio para mantener “vivo” este TDI.
Parte del logro de esos sólo 120 gramos de CO2 por kilómetro se deben a la elección de una caja de cambios de cinco velocidades de desarrollos tirando a largos que han permitido rebajar las emisiones y los consumos, que son muy buenos. No obstante, el motor “puede” con ellos y no me ha parecido que el Ibiza 1.9 TDI resulte ni perezoso ni lento. Habrá quienes quieran ¡ya! el 2.0 TDI de 140 caballos, pero no hacen falta tantos caballos. Y menos con las huestes de Navarro al acecho.
En el plano dinámico, la unidad probada, con acabado Sport, va asociada a una amortiguación más firme y a una dirección sensiblemente más dura que acentúan ese tacto deportivo al que también contribuyen las llantas opcionales que montaba, de 17 pulgadas, con neumáticos en medida 215/40.
El Ibiza, con esa configuración resulta suficientemente cómodo, incluso cuando el firme no es el de la mejor calidad, y sí brinda al conductor esa sensación de coche “durito” que buscan los más jóvenes. No obstante, es un coche muy previsible en sus reacciones y facil de llevar al límite, aunque en ese caso, el ESP siempre está alerta para sacarnos de apuros. En honor a la verdad, no me ha parecido demasiado intrusivo, por lo que se puede rodar muy deprisa en carreteras muy viradas sin que el control de estabilidad nos “mate” el coche.

El nuevo Ibiza nos brinda una carrocería más grande; no una habitabilidad proporcional, pero sí una dinámica de conducción que, en el caso de la versión Sport del 1.9 TDI mejora bastantes enteros en comportamiento, y sin sacrificar confort. Respecto al equipamiento, es bueno en líneas generales, pero hay algunas lagunas inexplicables. Que ni como opción figuren el autocencendido de luces o el sensor de lluvia; o el volante multifunción, etc. es criticable. No obstante, su éxito va a ser indudable. Entra por los ojos.

p