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COMPARATIVAS
Mazda2 CRTD / Suzuki Swift 1.3 DDiS / Toyota Yaris D-4D / Volkswagen Polo 1.4 TDI

JÓVENES AHORRADORES
Los utilitarios han demostrado ser una excelente base para explotar el espíritu ecológico que tan de moda se ha puesto en el panorama automovilístico. Y de ese beneficio en pro del medio ambiente, al consumidor lo que de verdad le llega es la rebaja en el precio final que implica la emisión reducida de CO2 y, por ende, la exención de pagar el impuesto de matriculación cuando proceda. En estos casos, tenemos ante nosotros cuatro integrantes del segmento utilitario que por uno u otro motivo están de plena actualidad. El Polo es el más veterano, pero su inclusión en esta comparativa responde a la puesta al día realizada por la casa alemana, con la versión Bluemotion especialmente pensada para los “verdes” por su bajísimo nivel de emisiones. En el otro lado de la balanza está el más novedoso del grupo, un Mazda2 que nada tiene que ver con la generación precedente. Aquélla, con tintes de monovolumen compacto y ésta, con un aire muy deportivo y moderno. Precisamente el Suzuki Swift también ha dado gran importancia al apartado estético, donde juega una buena baza, y como el Mazda no ha disparado su tamaño a cotas de segmentos superiores. Finalmente, la nota más vanguardista del grupo y la más menuda la pone Toyota con su práctico Yaris, el más urbano y preparado para el día a día.

Consumo antes que prestaciones. La exigencia prestacional de estos cuatro modelos está centrada en la eficiencia de sus motores en términos de consumo, más que en el rendimiento bruto que puedan ofrecer sus mecánicas. De ahí que, si hablamos de las versiones diésel, todos ellos se decanten por cilindradas pequeñas y potencias discretas pero suficientes para su cometido urbano y de extrarradio. No rehuyen salidas de larga distancia, pues a cruceros más allá de la legalidad se mueven bien, aunque las limitaciones aparecen al viajar cargados. El aire acondicionado también lastra un poco su arrojo.
El Mazda2 acaba de recibir su propulsor de gasóleo como complemento a sus versiones de gasolina. Sin embargo, no es un bloque nuevo, sino el que en su día desarrollaron conjuntamente Ford y el grupo PSA Peugeot-Citroën para sus utilitarios. La cifra de potencia es la más baja de esta comparativa, sólo 68 caballos, así como su par máximo que se queda en 160 Nm a 2.000 vueltas. No obstante, siendo su respuesta simplemente correcta a bajo régimen, da lo mejor de sí en la zona media reloj, lo que revierte en un agrado de uso al no tener que echar mucha mano del cambio. Su entrega de potencia es progresiva, sin brusquedades, y con un nivel de ruidos contenido. Éstos se hacen menos presentes que los propios originados por la rodadura.
El Swift, por su parte, hereda el motor 1.3 Multijet de origen Fiat de 69 CV. Es el único que adopta doble árbol de levas para la distribución y una culata de cuatro válvulas por cilindro y, en la práctica, el que da una zona alta más aprovechable. Por contra, adolece de unos débiles bajos con los que hay que contar para salir con celeridad en los semáforos pero que, una vez superados, el Suzuki muestra un brío algo superior al del nuevo Mazda2. De la misma forma, a nivel de sonoridad el producto japonés destaca para bien, incluso es superior al buen hacer del Mazda en este apartado. Hay que hacer un inciso importante: no podemos esperar en ninguno de ellos la insonorización de por ejemplo un compacto, pero para lo normal en la categoría sacan buena nota.
Ambos juegan en desventaja respecto a los dos rivales más poderosos. El Yaris es el más potente, en torno a 20 caballos más que sus otros dos contendientes nipones, lo que sin duda se nota. Sus prestaciones son sensiblemente superiores, como era de esperar, y por ende es el mejor preparado para las maniobras de adelantamiento o para afrontar un viaje con todos los ocupantes, por ejemplo. Su finura de funcionamiento es correcta y sólo a ritmos elevados es apenas algo más molesto para nuestros oídos que sus compatriotas.

Con todo, nos parece razonable hacer la crítica del poco nervio de este motor, teniendo en cuenta su elevada potencia para un automóvil tan menudo como el Yaris. Esto que comentamos es más evidente en la comparación directa con el brioso tricilíndrico del Polo. Su mecánica hace honor a la buena reputación de los motores diésel de inyector-bomba de Volkswagen (en lugar de la estandarizada inyección directa por conducto común). Su rendimiento es notable, incluso sorprendente con un cilindro menos, ya no sólo por lo que corre, sino también por lo poco que gasta. En esta versión Bluemotion Volkswagen ha introducido desarrollos más largos para reducir las emisiones y ha perdido un poco de fuerza a la hora de salir a carretera, donde necesitamos tiempo para lanzarle, pero los consumos son los mejores de la comparativa. Como contrapartida su conductor tiene que soportar unas vibraciones claras -sobre todo al ralentí o acelerando-, mayor rumorosidad y un funcionamiento poco refinado. Todo es cuestión de lo que esté dispuesto a soportar el posible comprador.

Menudos. Mientras que en segmentos superiores la tendencia del mercado es la de crecer, el último producto de Mazda muestra un tamaño contenido que no sobrepasa la barrera de los cuatro metros. Ha perdido habitabilidad en favor del diseño. El Polo es prácticamente igual de largo, pero denota su veteranía en una anchura y altura menor. Swift y Yaris se mueven en menores cotas de longitud pero mayor de altura que propician a su vez una habitáculo más alto en todas las plazas.
El Polo no acusa el paso de los años y su puesto de conducción es el mejor resuelto; también su interior es suficientemente capaz para cuatro personas. En el Mazda destaca la cercana disposición de la palanca de cambios sobre la consola central, además de un tacto excelente. Los dos pasajeros traseros cuentan con el mayor espacio para las piernas, aunque la anchura en la parte trasera también es la más reducida.
En todo caso, los cuatro ofrecen una capacidad interior correcta para su menudez. Sin embargo, el Yaris establece un nivel superior de flexibilidad gracias a su banqueta corredera para ganar espacio al maletero. Éste es muy pequeño, pero a favor los ocupantes de las plazas posteriores pueden viajar más cómodamente. En este sentido, Polo y Mazda2 destacan por sus maleteros más grandes.

Sin ESP. Como coches eminentemente urbanos, y más en estas mecánicas ahorradoras si hacemos muchos kilómetros, los cuatro fabricantes han optado por no incluir en sus equipamientos de serie ayudas electrónicas a la conducción, salvo el indispensable ABS con repartidor electrónico de frenada y servofreno de emergencia. El control de tracción no se echa apenas en falta, pues las pérdidas de tracción son mínimas, pero no estaría de más el haber incluido el control de estabilidad, más tratándose de sus versiones de gasóleo tope de gama. Volkswagen y Toyota sí que lo ofrecen de forma opcional, e inexplicablemente tanto Mazda como Suzuki no lo proponen ni como opción cuando sus variantes de gasolina sí que las equipan.
En cualquier caso, sus potencias comedidas no ponen en apuros a unos bastidores bien calibrados que nos hacen olvidar aquella idea de antaño de asociar los utilitarios a inestabilidad e inseguridad de marcha.
La imagen más deportiva y desenfadada del Mazda y Suzuki también se nota a la hora de conducir estos urbanitas: son los que tienen un comportamiento más incisivo, sobre todo el Mazda, el primero que elegiríamos para disfrutar de una zona revirada. El Swift igualmente hace gala de una buena pisada y de una agilidad sólo lastrada, al menos en ciudad, por una dirección algo lenta. El Polo no cede mucho terreno cuando se aprieta la marcha, aunque da la sensación de “amorrarse” más en el apoyo de la curva. En su caso, el paquete aerodinámico que monta esta versión Bluemotion tiene el objetivo de optimizar el coeficiente Cx, pero también le tiñe de una impronta más agresiva.
El Yaris, con menores pretensiones deportivas, es muy manejable en ciudad, acepta bien largas distancias por vías rápidas sin problemas, pero es el más sensible al viento dada su carrocería alta. En menor medida el Suzuki también acusa su generosa altura.

Un detalle digno de mención es que ninguno adopta frenos de disco en las ruedas traseras. Pese a todo, el tacto resultante de la combinación de discos delanteros y tambores traseros es buena en progresividad -algo mejorable en el Yaris- y potencia, suficiente para sus prestaciones. En nuestras mediciones el Mazda se mostró superior, mientras que el Polo, que en pruebas anteriores respondió satisfactoriamente, salió el peor parado, al menos la unidad de pruebas a la que tuvimos acceso.
Por otro lado, la nota predominante es la de unas suspensiones más bien confortables, con un punto extra de firmeza en el Mazda y Suzuki acorde con su dinámica más efectiva.

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