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COMPARATIVAS
Chrysler Sebring Cabrio 2.0 CRD Limited / Volvo C70 2.0D Momentum

ESPÍRITUS LIBRES
Nuestro primer pensamiento al acercarnos a los descapotables de primer nivel nos llevará indefectiblemente al Mercedes CLK, el A4 Cabrio (que en breve será A5 Cabrio) o al precioso Serie 3 convertible. Todos ellos cortados bajo un mismo patrón donde prima la calidad y el dinamismo ante todo.
Pero más allá de la receta tradicional alemana hay otras opciones para quienes quieran salirse de lo establecido. Aquí proponemos dos que, como buenas ovejas negras, tampoco se parecen demasiado ni siquiera entre sí.
El Volvo C70 es un soplo de aire fresco dentro de los descapotables fabricados en Europa. El toque de originalidad de los modelos suecos también se deja notar en este cabrio, sobre todo en los trazos del interior, con una sorprendente consola central estrecha que queda al aire y que puede revestirse en madera o en un material transparente que crea un original efecto.
Exteriormente destaca por la perfecta integración del techo duro de tres piezas en el perfil del coche y por la elegancia de la carrocería en sus dos configuraciones posibles.
Por contra, el Sebring Cabrio es un representante del segmento muy peculiar, apenas comparable a otro descapotable del mercado. Para empezar, resulta inclasificable por su longitud, 4,93 metros, que le convierten en el más grande del mercado y le situaría más en la órbita de un Serie 6 Cabrio que de un Serie 3, por ejemplo. Incluso es más largo que la berlina de la que deriva (que se queda en 4,58 m.), algo muy poco usual. En cualquier caso, llama claramente la atención a los viandantes por sus descomunales dimensiones.
Esos casi cinco metros le permite ofrecer a los pasajeros traseros un espacio para las piernas que es la envidia del resto de descapotables del mercado. Dos adultos de cualquier talla podrán hacer cómodamente un desplazamiento largo con las piernas desahogadas. Si miramos el cuadro de mediciones llama la atención que apenas hay diferencias entre la distancia que queda entre los asientos delanteros y traseros, pero el Sebring tiene una banqueta mucho más profunda, lo que permite a los adultos viajar sin apreturas. Es un auténtico “cuatro plazas”. Y no hay muchos.

Si obviamos la longitud ya no hay tantas diferencias, ni en el exterior ni con el metro en mano dentro del habitáculo. Las cotas de altura y anchura interior son muy parejas. La sorpresa viene al analizar el maletero, donde el Volvo se impone con 404 litros frente a los 356 del americano. Esto se explica porque el sistema de protección del techo del Sebring anula bastante espacio, mientras que el del Volvo está mejor resuelto.
Si circulamos al aire libre el espacio de carga que queda a nuestra disposición es muy pequeño en ambos casos, casi inutilizable a menos que dividamos el equipaje en pequeños bultos que quepan en bolsas de plástico, más flexibles para ocupar el poco hueco disponible. En el Volvo un mecanismo eléctrico eleva el techo recogido en el maletero para mejorar el acceso a la carga que queda debajo.
Como último apunte hay que destacar, para mal, lo incómodo del manejo de la tapa del maletero del Sebring, que queda muy alta cuando se abre y es demasiado pesada para cerrarla con soltura.

La calidad marca la diferencia. El Sebring Cabrio deja ver su ADN americano cuando analizamos los materiales empleados en su interior (especialmente en el salpicadero) y los ajustes de los diversos componentes. En Estados Unidos, donde se fabrica este modelo, la prioridad nunca ha sido la calidad de realización y materiales del interior, o al menos barajan unos estándares muy alejados de los que demandan los clientes europeos. Y eso se nota al comparar el tacto de los plásticos del tablero de a bordo (predominantemente duros en el Chrysler y mucho más agradables en el Volvo) y los remates de las uniones de las diferentes piezas que forman el salpicadero, resueltos de forma claramente más ruda en el Chrysler.
A favor del americano juega el hecho de que en esta versión Limited, la más equipada de la gama, la tapicería de cuero es de serie, lo que da un aspecto más distinguido a su interior.

Solvencia motriz. Chrysler ha dispuesto en esta generación del Sebring, tanto en la carrocería berlina como en la Cabrio, una motorización turbodiésel, la primera de este tipo en la historia del modelo. No es otra que el cuatro cilindros TDi de Volkswagen, aunque la unidad anterior a la actual, con sistema de alimentación por inyector-bomba. Un motor archi probado y muy solvente, pero que sufre para mover con alegría el altísimo peso del Sebring Cabrio: nada menos que 1.850 kilos, 200 más que su rival en la comparativa. Para una conducción relajada resulta suficiente por prestaciones y los consumos siguen siendo razonables para el peso que ha de mover, pero no esperemos maravillas imposibles sobre todo en recuperaciones y adelantamientos.
Este motor no era de los más refinados de su categoría y eso se vuelve a poner de manifiesto ahora, ya que tampoco se ha hecho un gran esfuerzo de aislamiento en el interior del Sebring. En marcha se entremezcla el ruido mecánico con el que se genera a partir de 120 km/h en la unión de los pilares A con el techo. No se convierte en algo insoportable, pero contrasta claramente con la mayor suavidad del Volvo.

El C70 en su versión turbodiésel básica adopta el cuatro cilindros de dos litros de cilindrada y 136 caballos de potencia, más moderno (inyección por rail común) y agradable en cuanto a funcionamiento aunque tampoco es un prodigio de prestaciones. Recupera claramente mejor que su rival, pero hay que tener en cuenta que juega con la ventaja de su menor peso. En cuanto a consumos, aquí la mejor economía de la unidad del Sebring permite que las diferencias no sean especialmente notables.

Agilidad limitada. A nivel dinámico, de nuevo el peso y los reglajes de origen marcan las diferencias. El chasis del Sebring debe lidiar con un mayor tonelaje provocado además de por sus enormes proporciones, por los refuerzos implementados para aumentar la rigidez de la carrocería en ausencia del techo. Esto viene a sumarse al ya de por sí suave tarado de suspensiones, lo que hace que haya que tomarse la conducción con calma para que no se descontrolen las inercias. Por el contrario, resulta muy cómodo en vías amplias, el escenario en el que se mueve con mayor solvencia. No nos ha gustado nada la poca resistencia de los frenos ante el trabajo duro.
El Volvo logra un mejor equilibrio entre confort y efectividad. Tampoco es el descapotable más dinámico del mercado, pero acierta con un compromiso más logrado que el del americano y admite algún que otro escarceo deportivo. No en vano se eleva sobre la afamada plataforma del Focus, una de las más efectivas del momento. Sin embargo el C70 no es tan ágil por las modificaciones y refuerzos a que obliga la ausencia del techo. En ambos casos lo mejor es tomarse la conducción como una actividad placentera y disfrutar de las sensaciones a cielo abierto.

Equipamiento. Si en comportamiento y terminación el Volvo se lleva el gato al agua con claridad, las cañas se vuelven lanzas cuando hablamos de equipamiento. El Sebring Cabrio Limited, a cambio de 37.581 euros, ofrece una dotación completísima que incluye la ya mencionada tapicería de cuero, con asientos eléctricos calefactados, control de estabilidad, llantas de aleación de 18”, pintura metalizada, alarma, control de tracción y estabilidad o un completo equipo de audio con pantalla táctil y disco duro. Es importante apuntar que solo esta versión tope de gama dispone del techo duro retráctil: en el resto es de lona.
El Volvo, en su versión Momentum de acceso a la gama, tiene una tarifa parecida a la de su rival (39.300 euros), pero su dotación no es tan generosa, salvo en algún detalle como los airbag de cabeza que monta y que no incluye el Chrysler. A igualdad de equipamientos el sueco resulta unos 6.000 euros más caro que su oponente. Y eso sin mencionar que su tamaño es inferior al del americano.
Y es que el Sebring no tiene rival ni por dimensiones ni por precio. Si habitualmente vamos a llevar todo el pasaje, será la mejor elección si queremos mimar a nuestros compañeros de viaje. En caso contrario, quizá pese más el gusto y la calidad del Volvo. Eso también tiene su precio y algunos lo valorarán en más de esos 6.000 euros de diferencia entre ambos.

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