A LA VIEJA USANZA
Son cada vez menos, pero aún hay fabricantes que siguen apostando por el techo de lona para algunos de sus modelos convertibles. Estas capotas le dan una personalidad especial al coche, son más rápidas en su acconamiento y ocupan menos espacio en el maletero. Por contra, su capacidad de aislamiento térmico y acústico, aunque destacada, es menor que la de los techos metálicos, y siempre queda el miedo a que algún desalmado pueda ensañarse con ella por su aparente fragilidad.
Audi y BMW se han decantado por esta opción para los A3 y Serie 1 Cabrio, unas variantes de carrocería completamente nuevas en los modelos de acceso de ambos fabricantes. Estéticamente nos ha gustado más el BMW, con un tercer volumen muy marcado que hace que su silueta recuerde mucho al coupé. El Audi, por contra, es casi un dos volúmenes, permaneciendo muy fiel a la estética de la variante de tres puertas.
A techo descubierto ambos presentan una elegante estampa. Lo más llamativo a este respecto son los arcos antivuelco fijos del Audi, que resultan muy llamativos pero quitan visión hacia atrás y no despiertan un entusiasmo estético unánime precisamente.
Nuestro A3 de pruebas montaba la capota opcional completamente automática -en la de serie hay que liberar manualmente unos cierres antes de accionar el mecanismo automático- que nos ha parecido más efectiva en cuanto a poder de aislamiento que la del BMW, esta sí operativa sin intervención del conductor.
El techo del Audi es más cómodo además por dos motivos: es más rápido que el de su rival (12 segundos frente a 26 para el accionamiento) y va alojado en un compartimento independiente del hueco del maletero, por lo que no le roba espacio, como sí ocurre en el Serie 1.
Sin embargo, si descapotamos el confort es mayor en el BMW ya que se generan menos turbulencias en el interior. En ambos casos conviene adquirir el cortavientos opcional que, eso sí, anula por completo las plazas traseras.
Unas plazas posteriores que son bastante mejores en el Audi por su mayor anchura en la zona de los hombros. Esos 19 centímetros extra hacen que sus dos hipotéticos ocupantes vayan algo más anchos, aunque en cualquier caso el poco espacio disponible para las piernas hace que los viajes con todo el aforo ocupado deban de ser preferentemente cortos.
Para terminar con el análisis de las capacidades hay que hablar de los maleteros, que quizá no sean un elemento clave en un cabrio, pero que, ya que estamos, conviene que nos resuelvan algunas necesidades mínimas. El cofre del BMW es mayor, 305 litros frente a 260 de su rival pero también es cierto que su longitud es mayor y por tanto esta ventaja entra dentro de la lógica. Además, dado que el A3 Cabrio cuenta con una boca de carga bastante angosta, también el BMW gana en el aspecto práctico.Pero el Audi cuenta con un respaldo trasero partido, algo poco común en los descapotables, que le permite ampliar el espacio de carga hasta más allá de los 600 litros. En el Serie 1 hay una trampilla opcional para transportar objetos largos, por ejemplo, esquíes.
Relajante y estimulante. El planteamiento de ambos modelos va orientado ante todo al disfrute de la conducción. A cielo abierto ya hemos dicho que necesitamos la acción del cortavientos para no sufrir los rigores de las turbulencias y, en cualquier caso, se disfrutan mejor con calma, como coches de paseo. Sin embargo, cuando ponemos la capota se transforman en máquinas con una dinámica lista para ser exprimida sin miramientos.
Estas variantes cabrio, ante la ausencia ocasional del soporte estructural del techo, cuentan con un bastidor reforzado que asume las torsiones que en las berlinas recaen en esa zona superior. Esto hace que el peso del conjunto aumente y, por tanto, disminuya su agilidad y eficiencia dinámica. Nuestros dos protagonistas no son tan ágiles como las berlinas pero sí que mantienen un alto grado de deportividad marcado por la rigidez de las suspensiones. En el Audi, con acabado Ambition, el chasis deportivo es de serie (con 15 mm. menos de altura y muelles y amortiguadores más duros); en el BMW hay que pagarlo aparte, pero la configuración inicial ya es bastante deportiva (algo a lo que también ayudan los neumáticos run flat de flancos reforzados que requieren de unas suspensiones enérgicas).
Nuestra unidad montaba además neumáticos sobredimensionados con llantas de 18” frente a las originales de 17 pero en contra de lo que nos sucedió con la berlina, no se vuelve mucho más radical que con la monta de serie. El Audi resulta más facilón y noble para el conductor medio, pero el BMW resulta más divertido si nos atrevemos a explorar sus límites, aunque ha perdido un puntito de feeling respecto a los tres y cinco puertas o el coupé.
Las dos variantes mecánicas que hemos elegido se sitúan en el lado prestacional de la gama. El 2.0 TFSi (con cambio S Tronic para la prueba) es la versión más potente en la oferta A3 Cabrio. No sucede así en BMW que dispone de un espectacular 135i con dos turbos y 306 caballos por encima de nuestro 125i. Los motores, aunque con un rendimiento parecido (200 caballos en el Audi y 218 en el BMW), son muy diferentes y reflejan la apuesta tecnológica de cada marca en motores de gasolina: inyección directa con turboalimentación en la marca de los aros y seis en línea atmosférico con distribución variable en el segundo.
El TFSi de Audi se impone en aceleración y recuperaciones gracias a la ayuda de la sobrealimentación, pero el atmosférico de BMW destaca por su homogeneidad y, sobre todo, por los razonables consumos teniendo en cuenta su alto nivel de potencia. Resulta además más refinado en su funcionamiento y también tiene carácter sobre todo en la zona alta del cuentavueltas.
Ojo al precio. Ambos están en el entorno de los 38.000 euros, aunque hay que tener en cuenta el sobreprecio del ultra efectivo cambio S Tronic en el Audi. Si optasemos por la versión manual el precio sería de 35.730 euros, casi 3.000 menos que su rival. Los equipamientos están muy igualados quitando algunos detalles (como la suspensión deportiva de serie sólo en el Audi). Y también en cuanto a carencias: ninguno de los dos ofrece, por ejemplo sensores de luces y lluvia, control de crucero, espejos retráctiles o un equipo de sonido con tomas auxiliares y USB si no es a costa de aumentar la factura final.
Pero pese a todo, tienen muchos argumentos para enamorar a cualquiera, como han hecho las berlinas de las que derivan pero con el componente de distinción de su carrocería convertible construida a la antigua usanza.