Siempre hemos alabado las cualidades dinámicas del Serie 1, tan destacadas que se imponen ante otros defectos de este modelo. Sin duda, es un compacto más indicado para los que buscan en el automóvil un instrumento de placer y no tanto para los que valoran ante todo el aspecto práctico.
Pues bien, ahora llega la tercera carrocería de la serie, el coupé de dos puertas y tres volúmenes, que para BMW representa el cúlmen de la deportividad en la gama. Por ello, será el único (salvo que cambien los planes anunciados inicialmente) que equipe el espectacular corazón de tres litros y seis cilindros, con doble turbocompresor que genera 306 caballos de potencia, una cifra nunca vista ni siquiera en las versiones más deportivas de los compactos de lujo.
Aunque parezca increíble, lo más destacable de este corazón no es su fuerza bruta, que también, sino su funcionamiento, digno casi de un auténtico M1. Con dos turbos gemelos (uno para cada bancada de cilindros) apoyados por la distribución variable y la inyección directa de alta precisión, el empuje que se genera es máximo en todo el espectro de revoluciones. Acelera como una bestia desde el ralentí y no ceja en su empeño hasta el corte de inyección, sin baches, sin bajones. De ahí las impresionantes cifras obtenidas en aceleraciones y recuperaciones: menos de seis segundos en el 0-100 y 25 en el kilómetro desde parado, marcas dignas de los mejores deportivos.
Otro dato que da idea de la contundencia del motor es el tiempo que emplea en recorrer 400 metros partiendo desde 40 km/h en cuarta y en quinta velocidad: el tiempo es casi el mismo, algo muy poco común. Un aspecto que ya habíamos apreciado antes de comprobarlo con el crono en una prueba más subjetiva: el ascenso a un puerto de montaña, que podíamos atacar manteniendo la cuarta velocidad con una solvencia sorprendente al acelerar. De ahí que podamos afirmar sin rubor que es el motor gasolina más parecido a un turbodiésel en cuanto a contundencia en las recuperaciones. Por supuesto, con un mayor refinamiento y silencio de marcha añadidos.
Y también con mayor consumo. Y es que es casi imposible bajar de los 10 litros de media, y eso siendo muy cuidadosos con el gas y en las mejores condiciones (autopista abierta y a cruceros estrictamente legales). En ciudad o si desplegamos todo su potencial, las cifras aumentan considerablemente. Entonces, los 53 litros de su depósito se agotan en poco más de 200 kilómetros.
En el 135i Coupé el chasis está al nivel de su apasionante motor. Las querencias radicales de todos los propulsión están bastante domadas en este Coupé gracias a un tren trasero 20 mm. más ancho que en los tres y cinco puertas, el chasis deportivo M con carrocería de altura rebajada en 15 mm., un diferencial autoblocante para apoyar al control de estabilidad y “zapatones” de 245 mm. detrás (el calzado delantero tiene dos tallas menos, 215 mm. de sección). Con todos estos elementos operando sorprende su nobleza de reacciones, que lo hacen más facil de llevar hasta el límite que en sus hermanos de gama pese al aumento de potencia. Su conducción al límite requiere una única precaución (además de no desconectar la electrónica): la gran capacidad de aceleración hace que todo suceda a un ritmo inusitado. Llegaremos a la siguiente curva mucho antes y a mayor velocidad y eso hay que saber medirlo. Exactamente lo mismo que sucede con los superdeportivos más afamados. Y este 135i, aunque a escala pequeña, también lo es.
Solo cuatro plazas. En el interior apenas hay cambios, salvo porque está homologado para cuatro plazas -los tres y cinco puertas pueden acoger a un quinto ocupante-. Esto no es un gran problema, ya que el limitado espacio en la zona posterior hace prácticamente imposible acomodar a cinco ocupantes en ninguna de las carrocerías de la gama. Tampoco la practicidad del habitáculo es su principal valor: los huecos portaobjetos son pocos y pequeños y el maletero, eso sí, dispone de 40 litros más que los tres y cinco puertas.
Esta versión, pese a ser el estandarte de la Serie 1, sigue pecando de un equipamiento incompleto para su precio. Aunque dispone de tapicería de cuero de serie o de las llantas de 18” le faltarían elementos como los faros y limpiaparabrisas automáticos, el control de crucero o incluso el sensor de aparcamiento, sobre todo si tenemos en cuenta los 44.843 euros que cuesta. Eso sí, las satisfacciones acumuladas tras disfrutar de sus posibilidades mecánicas y dinámicas harán que nos olvidemos de la factura desde el primer kilómetro recorrido.
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