El año 1998 marca el inicio del revolucionario Smart, un micro coche biplaza, tecnológicamente muy avanzado (cambio secuencial sin embrague, tracción trasera, célula de seguridad Tridion...), convertido en todo un referente de movilidad ciudadana. Y eso a pesar de un coste elevado que lo ha hecho aún más exclusivo.
Este año afronta su segunda generación apoyado en nuevos y más grandes motores de gasolina, un pequeño crecimiento de la carrocería y mejora del interior. Pero si se trata de establecer el máximo exponente de coches económicos -no por precio, sino por su reducido consumo- la versión diésel mejorada del Fortwo (de la anterior generación se llegaron a vender 140.000 unidades de un total de 770.000) se impone con claridad sobre cualquier otro automóvil. 
3,3 litros. La cifra de consumo medio declarada por la marca no deja duda alguna de la vocación eminentemente económica del Smart Fortwo cdi. Lo cierto es que nosotros no hemos conseguido tal cifra en nuestras mediciones, pero son en cualquier caso muy bajas. El consumo ha mejorado respecto a la anterior generación en un 13 por ciento, y eso que la base motriz no ha cambiado, aunque sí ha sido revisada para cumplir con la actual y futura normativa de emisiones contaminantes. En este sentido, el avanzado motor cdi -de tres cilindros y tan sólo 799 c.c., inyección directa por raíl común de segunda generación con presión de hasta 1.600 bares, turbocompresor, y aleación ligera en la fabricación de bloque y culata- arroja unas emisiones de CO2 de sólo 88 gramos por cada 100 kilómetros. Un dato excepcional en la vorágine de ecologismo actual. Opcionalmente puede hasta incorporar filtro de partículas (255 euros).
Más allá de los datos, que ponen de manifiesto un incremento de potencia y par en un 10 por ciento, este pequeño propulsor satisface las necesidades dentro de la ciudad. En la salida de los semáforos, y una vez que “engancha” la marcha, no tiene ningún problema en tomar la delantera o circular al ritmo normal del tr´´afico. Aquí no tiene tanta importancia el dato del 0-100 km/h, la verdad muy discreto, porque el Smart se mueve mejor en aceleraciones cortas. La velocidad máxima está limitada a 135 km/h, aunque el marcador puede “tumbarse” en condiciones muy favorables hasta casi los 160 km/h, que son unos 148 km/h comprobados con el GPS. De todas formas, cuanto menos salgamos a vías rápidas mejor, porque el cdi se ve muy limitado en cuanto la carretera sube o con viento en contra. De ahí que, a pesar de su excelente autonomía (más de 700 km. sin problemas), haya que echarle mucho ánimo a los desplazamientos más largos. Por otro lado, el aislamiento acústico del habitáculo es muy justo y se cuelan todo tipo de ruidos, tanto de motor, aerodinámicos, como del exterior, así que la radio se oye con dificultad a alta velocidad. Tampoco por estabilidad es un coche apto para circular muy rápido.
Sin embrague. Como en todos los Smart, no hay pedal de embrague. El cambio es manual de cinco velocidades, y un motor eléctrico se encarga de embragar y desembragar como lo haríamos nosotros. Ahora es más rápido, pero hay que seguir acostumbrándose a esos molestos intervalos en los que el Smart se queda sin tracción entre marcha y marcha. Esta peculiaridad obliga a anticipar el momento del cambio. Tiene dos modos de funcionamiento, automático, o manual bien a través de la palanca o con las levas del volante (éstas, opcionales). No obstante, el sistema actuará por sí sólo cuando la marcha no sea la correcta.
Otro elemento mejorado es la dirección. Sigue necesistando de muchas vueltas de volante para maniobrar (3,5 vueltas de tope a tope, antes 4), aunque ha ganado en precisión. Opcionalmente existe una dirección eléctrica (475 euros) más cómoda para maniobrar.
Funcional y caro. Exteriormente es difícil diferenciar a las dos generaciones del Smart Fortwo, pero se han realizado importantes mejoras que afectan a la funcionalidad. A pesar del ligero crecimiento de la carrocería (195 mm. más ancho y 55 mm. más de batalla), se sigue aparcando donde otros no caben, y ha mejorado notablemente la capacidad del maletero, de 150 litros a 220 (hasta 340 litros hasta el techo). El interior es más práctico, mejor acabado y con más huecos portaobjetos.
No es coche barato. El Fortwo diésel sólo se comercializa en el nivel básico de acabado, Pure, por 11.250 euros, en el que no faltan el ABS con distribuidor electrónico de frenada ni el ESP, pero hay que desembolsar bastante dinero en montar elementos casi básicos como el aire acondicionado, los faros antiniebla o la radio. Eso sí, a lo mejor compensa lo que te ahorras en cada repostaje.