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MINI CLUBMAN COOPER -120CV-
¿MINI?  
“¿Es un auténtico Mini, porque éste ya no es pequeño?”. Es el interrogante que más ha despertado entre el público el nuevo Clubman, una versión menos conocida, pero que también existió en el modelo original.  

En los años 60 existió un modelo muy especial derivado del Mini, con carrocería de zaga alargada, doble puerta de apertura en hoja para el acceso al maletero y un curioso recubrimiento de madera para los costados y los pilares traseros: eran los Morris Mini Traveller y Austin Seven Countryman (por entonces el Mini se comercializaba bajo estas dos marcas, Morris y Austin). Ya en los 70 y bajo la marca Mini recibió su denominación definitiva: Clubman Estate.
Ese hermano mellizo del mítico utilitario es el que ahora vuelve a la vida de la mano de BMW, dentro de la política de resurrección de la marca bajo una reinterpretación moderna pero fiel de su historia. El Mini Clubman mantiene los rasgos de aquellos Austin/Morris salvo el poco práctico toque de madera, que se sustituye por el recubrimiento en plástico de los pilares posteriores, a elegir en tonos plata (como nuestra unidad de pruebas) o negro. El Clubman mantiene sus casi inexistentes voladizos y su excelencia dinámica pese al incremento de dimensiones: crece en 24 centímetros, de los cuales ocho se emplean en aumentar la distancia entre ejes. Además de mantener la doble puerta posterior, incluye una media puerta de apertura inversa en el lado derecho para facilitar el acceso al interior de los pasajeros, una de las grandes peculiaridades del nuevo modelo, versión siglo XXI.
Este aumento de dimensiones dirige el interés del Clubman al análisis de su capacidad interior. El espacio extra para el pasaje se nota bastante; ahora dos adultos viajan más desahogados en la banqueta posterior, tanto por espacio para las piernas como por altura. Y el maletero, en la teoría, incrementa su capacidad de 160 a 260 litros. Sin embargo, resulta poco profundo, lo que nos impide colocar las maletas longitudinalmente, limitando las posibilidades para su aprovechamiento. Así que con el Clubman podemos hacer viajes de grupo, pero los equipajes tendrán que ir por Seur.
Por lo demás el interior sigue manteniendo el encanto del original, aunque convenientemente reinterpretado por BMW con un gran gusto tanto en el diseño, terriblemente atractivo, como en la calidad, al máximo nivel en su categoría sin discusión.
Otro aspecto clave del Clubman es su peculiar estampa. Hasta el pilar B es exactamente igual que el Mini, pero de ahí nace una zona posterior alargada que en el lado derecho acoge la “Clubdoor”, una pequeña puerta que se abre en ángulo opuesto a la delantera y facilita el acceso atrás. Está bastante bien integrada en la línea general del coche, que resulta curiosa pero no estridente respecto al Mini “corto”. El recubrimiento plástico de la trasera sí es más llamativo por lo inusual que resulta como recurso estilístico y contribuye a reforzar la personalidad de esta versión.


Muy dinámico. El Clubman puede presumir de un comportamiento dinámico que encandila. Mantiene una dirección ultrarrápida, que con una leve insinuación de volante ya inscribe al coche en la curva, que afronta sin balanceos de la carrocería, con una nobleza y efectividad insultantes. Cambia de apoyo con una facilidad asombrosa, tanto que el ESP queda reducido a salvoconducto cuando el piloto se pasa de la raya por exceso de euforia.
Pero tanta efectividad tiene un lado oscuro. Y es que, como le pasa desde el principio al Mini, el comportamiento tan perfecto esconde casi totalmente las virtudes de los motores. Le pongan los caballos que le pongan, a los Mini siempre parece que “les falta motor”.
Hemos probado la versión Cooper, el primer escalón mecánico en la gama Clubman de gasolina. Fruto de la cooperación con PSA ha incorporado un nuevo propulsor 1.6 litros atmosférico que rinde 120 caballos. Como elemento técnico más destacable figura la regulación electrónica variable de las válvulas de admisión -Valvetronic- que le permite lograr un mejor rendimiento en función de cada régimen de giro.
La verdad es que el motor cumple bastante bien. Gira con mucha alegría arriba, recupera con solvencia y nos permite llegar a la velocidad de crucero deseada con rapidez, pero su buen rendimiento queda eclipsado por el comportamiento. Siempre parece que se puede pasar más rápido por esa curva, lo dicho “le faltan caballos”.
Este 1.6 VTi incorpora soluciones medioambientales para limitar consumos y emisiones, entre ellas el sistema Start&Stop -que detiene el motor cuando el coche se para y lo reanuda al pisar de nuevo el embrague- , el dispositivo que convierte en energía eléctrica el calor generado en las frenadas (imperceptible para el conductor) y el indicador de cambio de marcha eficiente, que nos recomienda en cada momento la marcha más adecuada mediante una indicación en la pantalla del ordenador de a bordo. Con todos estos elementos hemos corroborado unos consumos en el entorno de los 7 litros en autovía (a velocidades escrupulosamente legales) y algo por encima en ciudad, donde más se perciben las ventajas del Start&Stop, que además es desconectable.


Personalizable. El Clubman Cooper, como el Mini, puede personalizarse con diversos elementos tanto estéticos -tapicería de piel, elementos decorativos interiores en diferentes colores, accesorios para el maletero...- como mecánicos -con la gama John Cooper Works, con frenos autoventilados y perforados, llantas de aleación de 18”...-. Un ejercicio para el que no nos quedarán muchas ganas después de haber estudiado la amplísima lista de opciones a la que habría que recurrir para equipar al Clubman como es debido. Y es que pese a que no es precisamente barato (21.500 euros), le faltan cosas como el climatizador, control de crucero, mandos en el volante, espejos con calefacción, sensores de luces y lluvia, ordenador de a bordo.... elementos todos ellos de menos de 300 euros que bien podrían haberse incluido en origen. Pero en fin, la exclusividad y la originalidad también se pagan....

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