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MAZDA6 2.5 SPORTIVE -170CV-
CON OTRO TALANTE  
La anterior generación del Mazda6 rompió moldes dentro del fabricante nipón, unos estándares que supera por poco esta nueva edición. Mantiene los cánones de deportividad pero mejora en elegancia y clase.
 

Le ha tocado el turno de la revolución al mercado de las berlinas medias o segmento D. Si la llegada del nuevo Mondeo hacía saltar las alarmas dentro de los fabricantes generalistas, y el Clase C y el Audi A4 dentro de los especialistas, todos deben andarse con cuidado con la llegada del nuevo Mazda6.
Mazda está a medio camino entre unos y otros, no es un generalista al uso aunque tampoco ha llegado, porque no ha querido, a convertirse en un especialista como los tres grandes alemanes. No podemos negarle al fabricante japonés que ha sabido darle un toque deportivo muy bueno a sus últimas creaciones y el Mazda6 de la generación anterior fue un exponente muy claro, incluso en las versiones menos potenciadas. Quizá esto sea lo que le falta, más ambición deportiva, especialmente en la gama inmediatamente inferior, los Mazda3, para captar a ese público joven que busca, bien en los León por populares o en el BMW Serie 1 por exclusivos, colmar sus ansias de deportividad.

Espíritu deportivo. Este no es el caso que nos ocupa, aunque los Mazda6 están impregnados de ese espíritu aunque lo escondan bajo una fachada elegante y llamativa por bien diseñada. Su frontal es agresivo, su tercer volumen está muy integrado, casi hasta parecer que no lo tiene, y el toque de modernidad y frescura de su trasera salta a la vista cautivando la mirada de los paseantes.
Sin ser su cometido final el de la deportividad, su bastidor sabe conjugar muy bien lo que buscaría un padre de familia, o todo aquel al que le gusten los coches grandes, con los deseos de aquellos a quienes que de vez en cuando les hierve la sangre en carretera, y cuando cesan en la vigilancia de los radares o se adentran en puertos de montaña de segundo orden haciendo más caso a lo que le dice el corazón que a la posible pérdida de puntos, se da todo un homenaje de conducción. Claro que éste dura hasta que el acompañante le pare los pies, si no, ancha es Castilla.
Sus suspensiones no pecan de blandas, tampoco de duras, pero confieren una estabilidad al conjunto que para encontrarla en otros modelos hay que recurrir a las versiones más deportivas. Sin un especial esfuerzo en estos términos nos encontramos a los mandos de un coche fácil, que transmite y que a la segunda curva nos pide más.
La absorción de irregularidades es muy buena, no se manifiestan rebotes parásitos ni el eje trasero se descoloca con las juntas de la carretera. La amortiguación filtra perfectamente todo lo que no es relevante para la conducción, y deja que lleguen al tren delantero sensaciones, de modo que el conductor sabe lo que está pasando en las ruedas motrices y directrices.
La arquitectura de suspensión escogida para el tren delantero es independiente y para el trasero multibrazo, dos esquemas que son una garantía en todos los sentidos.
Las ruedas montadas en la versión Sportive son de 18 pulgadas en medida 225/45, no muy sobredimensionadas pero que ponen su punto de precisión y rapidez en la dirección, permitiendo rodar a ritmos muy alegres. Las delanteras no experimentan importantes pérdidas de motricidad a la salida de los virajes más cerrados, lo que nos hace mostrar más confianza en el conjunto.
El equipo de frenos responde con firmeza, aunque su resistencia al calentamiento podría ser mejor dado el espirítu que entraña su conjunto motor bastidor, así que cuando abusamos en exceso muestran algo de fatiga, sin que esto sea un pero de gran importancia pues las distancias de frenado no se alargaron excesivamente.

Mejor arriba. La fiebre de los motores diésel ha hecho que nos olvidemos de que los propulsores de gasolina hay que llevarlos en la parte alta del cuentarrevoluciones.
Como todo atmosférico de cuatro cilindros, este 2,5 litros de 170 caballos se muestra incluso pobre, parece que no haya esas 170 unidades de potencia. Basta dejarle subir de vueltas para que nos demos cuenta de que la primera impresión es algo engañosa.
La entrega del motor es muy lineal, escala por las revoluciones de modo muy progresivo ocultando su carácter hasta que supera las 4.000 revoluciones, punto en el que se ofrece con fuerza y con garra. Su cota de par de 265 Nm aparece a un régimen muy temprano para tratarse de un gasolina, 2.500 vueltas, y se mantiene constante hasta las 4.000. Gracias a esta buena cota de par y que aparece a un régimen muy bajo se convierte en un motor agradable para circular por ciudad, donde las necesidades de fuerza o de potencia no son muy altas.
Si querenos extraer las garras de este motor hay que llevarlo arriba, donde se nota que respira muy bien, y por cierto que comienza a llegar algo de buen sonido al habitáculo, que está perfectamente aislado del exterior y de toda clase de ruidos mecánicos.
Este motor de carrera larga está asociado a un cambio de desarrollos ligeramente cortos, lo que nos permite exprimir bien sus virtudes. Esto posibilita que en algunas ocasiones no haga falta recurrir a la palanca de cambio para realizar una buena recuperación o un adelantamiento con solvencia.
Eso sí, los consumos se resienten algo, aunque en esta ocasión hay que decir que no tanto como en otros competidores en los que para extraer cifras de potencia semejantes a estos 170 caballos se recurre a motores de seis cilindros en V.

Para cuatro. La tendencia habitual, incluso en las berlinas que superan los 4,7 metros de longitud, es una configuración interior para cuatro ocupantes, que serán los que realmente vayan cómodos.
Este Mazda ha ganado enteros en espacio para piernas gracias a la ganancia en batalla que se ha producido en esta segunda generación, cinco centímetros que permiten que la distancia para las piernas atrás se incremente en tres.
La cota de anchura total sólo ha crecido en un centímetro, pero no se traduce en un mejor aprovechamiento del espacio pues la anchura interior, tanto delantera como trasera, no ha crecido en dimensiones. En términos de habitabilidad comparada le permite estar muy en la línea de productos tan exitosos como Mondeo o Passat.
Su maletero, con una capacidad de 504 litros, es bastante grande, pero en la versión de cuatro puertas se pierden los asientos traseros abatibles, lo que en algún momento puede ser un inconveniente. Otro aspecto notable es la dotación de equipamiento, donde este japonés pone especial énfasis, pero sigue pecando de unos opcionales escasos con lo que se pierde en capacidad de personalización.
Por último, la calidad de los interiores está al mejor nivel. Un ajuste perfecto y un realización francamente buena rematan un conjunto que resulta también atractivo desde el punto de vista del precio. Por 28.600 euros tenemos un coche con una magnífica doble cara.

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