El BMW Z4 Roadster, que al traspasar el ecuador de su vida comercial estrenó el hermano Coupé, se ha consoliddo como uno de los descapotables biplaza más equilibrados del mercado, tanto por sus excelentes cualidades dinámicas como por su homogénea oferta de motores, que sin duda tiene entre los más aconsejables los modernos seis cilindros en línea. Y de entre ellos, es el 2.5 Si que monta la unidad probada el más razonable si lo que queremos no sólo se reduce a disfrutar de un descapotable, sino a gozar de la conducción gracias a una mecánica de soberbio rendimiento, pues por debajo de él, el 2.5i de 177 caballos se queda algo corto en cuanto a rendimiento y el 3.0 Si, con 306 caballos bajo el pedal del acelerador, quizás sean demasiados, y no porque su conducción sea exigente, sino porque el diferencial de precio quizás lo hace menos alcanzable para el bolsillo de caprichosos con presupuesto algo limitado.
El motor 2.5 Si es de los más potentes de su cubicaje, con 218 caballos de potencia y una cota de par máximo de 250 newtonmetro, disponible de forma constante entre 2.750 y 4.250 vueltas, lo que sin duda revierte en el agrado de uso de este hexacilíndrico, traducido en unos valores de recuperación francamente sobresalientes. Y todo ello se suma a una velocidad máxima de 240 km/h.
Sofisticado. Como los motores más avanzados de la familia BMW, el seis cilindros 2.5 Si, como sus hermanos de arquitectura, dispone de un bloque de cilindros de aleación de aluminio y magnesio -como el M3-, cárter y tapa de culata de magnesio, para lograr un bajo peso del propulsor, un sistema de distrubución variable Valvetronic, y el variador de fase de los dos árboles de levas Doble-Vanos.
El resultado es una mecánica que si bien no es explosiva en su entrega de potencia, no tiene ese carácter puntiagudo que encontramos en otros que sólo “tiran” a altos regímenes, sino un motor muy lineal a la hora de dar todo de sí, como si fuese eléctrico. Algo que incluso parece restarle impulsividad o brío.
Puede estar ligado a la caja de cambios manual de seis marchas, o a la automática Steptronic con idéntico número de velocidades y con levas tras el volante para un uso en modo secuencial, lo que supone un sobreprecio de 4.344 euros. Quizás parezca demasiado dinero, pero lo cierto es que su funcinamiento en modo automático es tan efectivo como en uso manual, con saltos de marchas apenas perceptibles y una capacidad de adaptación a los distintos estilos de conducción que es capaz de satisfacernos tanto en conducción relajada como si queremos exprimir al máximo las posibilidades del conjunto mecánica-chasis.
Diversion asegurada. La dinámica de conducción es otro de los grandes atributos de este coche. La marca bávara hace especial hincapié en lograr el máximo equilibrio de pesos entre ejes y eso se hace notar mucho a la hora de comprobar la nobleza con que se desenvuelve el Z4 2.5 Si. En vías rápidas es obvio destacar que se halla a sus anchas, permitiendo unos altos ritmos sin que en ningún momento tengamos la sensación de perder el control de la situación.
Pero donde la diversión es mayor es al rodar por carreteras secundariasa, las que nos permiten aprovechar el rendimiento del motor en adelantamientos fulgurantes, pero sobre todo que nos dejan sacar el máximo partido al chasis. Su docilidad es máxima, pero si queremos buscarle las “cosquillas”, basta con desconectar el DSC -el control de estabilidad- en su primer nivel, lo que deja que la zaga insinúe leves derrapes a poco que nos animemos a pisar con contundencia a la salida de las curvas más cerradas. En el segundo grado de desconexión ya no hay ayuda alguna y sólo a base de contravolente lograremos que el coche recupere la compostura. Cosa que se logra mered a una dirección de excelente tacto y de una rapidez muy de agradecer cuando afrontamos esos agradables tramos de curva-contracurva.
En fin, un juguete, si no diabólico, sí algo rebelde; con la potencia justa y necesaria para hacer de la conducción un placer para los sentidos. Quiz´´as la única pega la constituye su equipamiento, que no pasa de correcto, ya que deja en el capítulo de opciones un buen número de elementos que a tenor de lo que cuesta, deberían formar parte del capítulo de su dotación de serie. Sobre todo, porque en eso le ganan otros oponentes.