p
 
COMPARATIVAS
Hyundai i30 1.6 CRDi Style / Kia Cee'd 1.6 CRDi Active / Nissan Tiida 1.5 dCi Acenta Pack

SEAMOS PRÁCTICOS
Tal vez no sean los compactos más demandados, ni los más “pintones”, ni de los que deleitan a su conductor con un excitante feeling de deportividad, pero si hay que responder ante una compra seria, sustentada en los dictados de la razón, ahí aparecen nuestros tres invitados asiáticos con propuestas totalmente convincentes en estos capítulos.
De hecho, la pareja de seudo gemelos i30 y Cee’d ha sido pensada y desarrollada específicamente para Europa y tras un importantísimo salto cualitativo dejan atrás aquellos tiempos en los que las propuestas procedentes de Corea pasaban simplemente por coches baratos pero de dudosa calidad y solvencia.
La trayectoria del Tiida es totalmente diferente. Tras varios años de presencia en distintos mercados internacionales, desembarcó en territorio europeo hace apenas unos meses para tratar de llegar al comprador de compacto de corte clásico, aquel que tras la desaparición del Almera no acababa de ver una alternativa en los polivalentes Note o Qashqai. Aún así, es un coche que puede cubrir las expectativas de los clientes europeos más pragmáticos, puesto que desde un punto de vista emocional no es un producto que encandile precisamente por su diseño y atractivo. Llaman la atención ciertas semejanzas con los 307/308 de Peugeot, centradas sobre todo en la zona posterior, aunque su gran parecido con los modelos galos parte de una concepción de pseudo monovolumen que le lleva a mostrarse como un compacto alto; de hecho lo es, ya que eleva su cota hasta más allá de los 153 centímetros, frente a los 148 del i30 y el Cee’d, que en líneas generales disfrutan de una estética más agraciada y acorde a los cánones continentales.

Tiida, a lo grande. Sus retazos de monovolumen se respiran también en el interior, con un puesto de conducción más alto que el de sus rivales pero lastrado por ciertas carencias, como la ausencia de regulación en profundidad del volante o de reglaje lumbar para el asiento del conductor, que le llevan a estar un peldaño por debajo de sus rivales en este apartado.
Todos ellos se han rodeado de multitud de huecos donde dejar los objetos de uso más cotidiano y los mandos están a mano y donde tienen que estar, salvando el control del ordenador de a bordo, que incrustado en el cuadro de mandos o en su entorno, caso del i30, no hace nada fácil su acceso y manipulación.
En términos de calidad la baza es para los coreanos. ¡Quién lo diría hace apenas unos años! Una presentación muy satisfactoria, magnífico trabajo en ajustes y terminaciones, plásticos duros de apariencia correcta y una mayor superficie de material blando que en el Tiida, que en su caso muestra una presentación satisfactoria pero sin mayores alardes.
De lo que sí que puede presumir el compacto de Nissan, y con sorna, es del espacio destinado a las piernas de los pasajeros posteriores. El Tiida rompe barreras y se desmarca con una capacidad superior a la de berlinas medias como el Passat, apoyado, eso sí, en la posibilidad de regulación longitudinal de la banqueta trasera. Nada menos que 24 centímetros de variación para que el usuario decida cuando preponderar la capacidad de carga del maletero o el espacio destinado a los ocupantes. Incluso, con los asientos en la posición más adelantada, el sitio disponible para las piernas es suficiente para evitar agobios y estrecheces.
El i30 y el Cee’d no llegan a este nivel, pero responden con sobrada solvencia a las demandas de habitabilidad. Paradójicamente, ofrecen más altura interior en las plazas posteriores, donde también gozan de una anchura superior a la del Tiida, lo que les permitirá, en caso de necesidad, alojara tres adultos atrás con menos apreturas que en el Nissan.
La posibilidad de regular la banqueta trasera tiene a su vez una incidencia muy positiva en la capacidad de su maletero. Si se multiplica el equipaje, se adelantan los asientos y el cofre de carga puede elevar su volumen hasta nada menos que 463 litros, algo más que la nueva generación del Laguna. Por su parte, los hermanos coreanos declaran un registro de 340 litros, en la media que marca el segmento.

Modales refinados. Las mecánicas que acompañan a nuestros tres protagonistas van a colmar de sobra las expectativas del cliente medio que más allá de la cuantía de los caballos y de las sensaciones de deportividad se contenta con un propulsor capaz de mover al coche con cierta soltura y conteniendo el gasto de gasóleo.
Tanto el 1.5 dCi de 105 caballos del Tiida, motor de sobra conocido en Renault, como el 1.6 CRDi de 115 caballos que montan el Hyundai y el Kia, aseguran unas prestaciones dignas pero ante todo un elevado agrado de utilización dada su predisposición a empujar desde regímenes bajos y su suavidad de funcionamiento. No hace falta buscar constantemente el cambio de marcha porque la respuesta del motor siempre está ahí, empezando en las 1.500 vueltas el Nissan y sólo un poquito después sus contrincantes.
Desde aquí el despliegue de su potencia se realiza de un modo progresivo, si bien es cierto que los dos coreanos se muestran algo perezosos en las recuperaciones. En este apartado el Tiida se aprovecha de su cambio de seis relaciones para sacarle el máximo partido al empuje del propulsor, con una relación final muy aprovechable, equiparable por su desarrollo a la quinta del i30 y el Cee’d.
Sobre la transmisión, diremos que el Nissan brinda un tacto excelente tanto por rapidez como por precisión, mientras que en el polo opuesto situaríamos al Hyundai, del que nos sigue sin convencer el tacto metálico de la palanca, pega que no vemos en su hermano de Kia.

Las tres motorizaciones brillan con más fuerza si atendemos a su refinamiento y suavidad de marcha. A velocidades mantenidas la sonoridad queda perfectamente contenida en todos, pero lo que es un auténtico placer, especialmente en los modelos del grupo Hyundai, es pisar con fuerza el acelerador buscando rangos de giro más altos y experimentar como el motor ni se inmuta y mantiene constante su mínimo nivel de ruido.
La guinda del pastel la pone el dCi del Tiida, con un consumo de risa siempre y cuando se apueste por ritmos de marcha sosegados, mientras que su pareja de oponentes se mueve en los términos propios de este tipo de mecánicas.

Garantía de confort. Del mismo modo que sus propulsores sobresalen más por su refinamiento y suavidad que por sus puras prestaciones, el comportamiento de sus respectivos chasis sigue una pauta similar, primando ante todo el confort de marcha. No podemos esperar sacarles ese punto de deportividad que brindan modelos como el Focus o el Golf, por ejemplo, pero lo que sí que está garantizado es un comportamiento noble y eficaz, amén por supuesto de una irrefutable absorción de las irregularidades del firme para bien de los ocupantes.
La dupla de coreanos, con una arquitectura de suspensiones totalmente europea, está a años luz de productos precedentes. Muestran maneras de coches sólidos, aplomados y fáciles de conducir, al nivel de cualquier otro compacto de firma europea. Las sensaciones son muy positivas si no se fuerza en exceso la marcha, ya que así saldrán a relucir los lógicos balanceos de la carrocería en los apoyos más fuertes y una tendencia inexorable a irse de morro en el trazado de las curvas más exigentes.
Afortunadamente, tenemos de nuestro lado a los controles de tracción y estabilidad para corregir cualquier exceso, una ayuda que figura de serie en ambos modelos pero que ni siquiera se puede incorporar a modo de opción en esta versión Acenta Pack del Tiida.
De entrada, el modelo nipón parece partir con una desventaja clara en términos de comportamiento respecto al i30 y al Cee’d, y no sólo por la ausencia del ESP. La elevada altura de la carrocería augura constantes inclinaciones y la menor anchura de sus vías y los neumáticos de menor tamaño no parecen los mejores aliados para garantizar una pisada más firme.
Pero una vez que nos ponemos al volante nuestras dudas y prejuicios se van disipando a medida que comprobamos que el coche mantiene el tipo, traza con correción gracias a un tren delantero de lo más obediente y los temidos balanceos se muestran con menos frecuencia y más livianos de lo esperado.
Aún así, tanto el Hyundai como el Kia nos parecen coches más ágiles, en buena parte por la rapidez de su dirección, sólo 2,7 vueltas entre topes frente a las 3,5 del Nissan, que en recorridos sinuosos obligan a trabajar con los brazos más de la cuenta. En los tres casos la dirección es bastante suave y podríamos exigirles una mayor firmeza para ganar confianza a velocidades elevadas. Finalmente, también nos ha gustado más el rendimiento de los frenos de los dos coreanos, por sus mejores distancias de parada y su mayor resistencia a un uso intensivo.



En su justa medida. Nuestros tres modelos presentan precios razonables aunque ni mucho menos podemos hablar de gangas. Para los que deban ajustar el presupuesto pero no quieren renunciar a un equipamiento completo, la alternativa más lógica pasaría por el Cee’d Active, que por menos de 20.000 euros no deja fuera del listado de serie ningún elemento fundamental: ESP, seis airbags, climatizador, ordenador de a bordo, sensores de luces y lluvia, radio-CD MP3 con mandos al volante, faros antiniebla, etc.
El i30, por su parte, añade en esta versión Style la calefacción para los asientos delanteros, el sensor de aparcamiento posterior y el indicador de presión de los neumáticos, elementos prescindibles en un momento si nos interesa más ahorrarnos los 855 euros que suponen de sobreprecio respecto al Kia. Y con el precio de partida más económico se presenta el Tiida Acenta Pack, que como pecado capital prescinde del ESP.

p